Cuando en una casa hay consumo problemático y además episodios de violencia, la prioridad cambia. Primero va la seguridad de las personas, después el tratamiento. Son dos problemas distintos que requieren abordajes distintos, y tratarlos como uno solo suele dejar a alguien desprotegido. Si estás en riesgo, existe la línea 144, gratuita, las 24 horas, en todo el país.
La confusión más peligrosa
Hay una idea muy instalada: que si la persona deja de consumir, la violencia se termina. Conviene desarmarla con cuidado, porque es la que hace que muchas familias esperen.
El consumo puede aumentar la frecuencia o la intensidad de los episodios, y aun así son dos problemas separados. Hay personas que consumen y nunca ejercen violencia. Hay personas que ejercen violencia sin consumir nada. Tratar la violencia como un efecto secundario del consumo lleva a una conclusión práctica equivocada: que alcanza con esperar el tratamiento.
No alcanza. La seguridad no puede quedar pendiente de que otro proceso funcione.
Lo que suele pasar en la casa
La secuencia se repite. Hay un episodio. Al día siguiente aparecen el arrepentimiento, las disculpas y la promesa. Se atribuye todo al consumo: estaba mal, no era él. La familia acepta esa explicación porque además la necesita.
Después el ciclo se acorta. Los episodios se vuelven más seguidos, las disculpas más breves. Y aparece algo que casi nadie nombra: la casa entera se organiza para no provocar. Se camina despacio, se mide cada frase, los chicos aprenden a leer el clima antes de hablar.
Cuando una casa funciona así, ya hay un problema de seguridad, aunque hace meses que no haya un episodio grave.
Señales que conviene no minimizar
- Golpes, empujones, cualquier contacto físico.
- Amenazas, aunque después se digan en broma.
- Romper cosas o golpear paredes durante una discusión.
- Impedir salir, quitar el teléfono, controlar los movimientos.
- Quitar el dinero o impedir que la otra persona tenga ingresos propios.
- Amenazas de quitar a los hijos.
- Que haya armas en la casa.
- Que los chicos presencien los episodios.
Las dos últimas cambian el nivel de urgencia por sí solas.
Qué hacer primero
El orden importa:
- Si hay riesgo inmediato, llamá al 911. No es una medida extrema: es la que corresponde.
- Si hay lesiones, buscá atención médica y pedí que quede registrado en la historia clínica.
- Llamá a la línea 144 para orientación sobre violencia por motivos de género. Es gratuita, funciona las 24 horas los 365 días en todo el país y también atiende a familiares y a personas del entorno.
- Contáselo a alguien de confianza. El aislamiento es lo que más sostiene estas situaciones.
- Pensá un plan de salida. Documentación, algo de dinero, un lugar adonde ir, alguien a quien avisar.
El tratamiento del consumo viene después de todo eso, no antes.
Si hay chicos
Cambia todo. Los chicos que crecen en una casa donde hay episodios de violencia están expuestos aunque nunca reciban un golpe: la exposición sostenida a esa tensión deja marcas propias.
También conviene saber algo que suele frenar: muchas personas no piden ayuda por miedo a que les quiten a los hijos. Ese miedo es entendible, y también es lo que hace que la situación se sostenga. Consultar y pedir orientación es distinto de exponerse. La línea 144 puede orientar sobre eso mismo, de manera anónima, antes de que tomes cualquier decisión.
Sobre el tratamiento del consumo
Nada de lo anterior significa que no haya que tratar el consumo. Significa que no se trata primero.
Cuando la seguridad está resuelta, un tratamiento por consumo problemático puede iniciarse y es lo indicado. Lo que conviene es que el equipo sepa desde el principio que hubo episodios de violencia, porque eso cambia el abordaje, cambia las pautas de contacto durante el proceso y cambia cómo se planifica el regreso.
Ocultarlo por vergüenza o para no perjudicar a la persona lleva a un plan armado sobre información falsa.
Si quien ejerce la violencia sos vos
Vale decirlo directamente. Si te reconocés en esta descripción, hay dos cosas ciertas al mismo tiempo: la responsabilidad por lo que hacés es tuya, y existe la posibilidad de trabajarlo con ayuda profesional.
Lo que no funciona es esperar a dejar de consumir para ocuparse de esto. Son dos trabajos distintos y los dos hacen falta. Plantealo en la consulta desde el principio: un equipo puede orientar sobre dónde abordar cada cosa.
Los números que conviene tener
- 911 ante riesgo inmediato.
- 107 para emergencias médicas.
- 144 para orientación sobre violencia por motivos de género. Gratuita, 24 horas, todo el país.
- 141 de SEDRONAR para orientación sobre consumo de sustancias. Gratuita, confidencial, 24 horas.
El plan de salida
Si convivís con episodios de violencia, tener preparado de antemano qué hacer si la situación se agrava cambia mucho las cosas. Un plan de ese tipo suele incluir:
- Documentación a mano. La tuya y la de los chicos, en un lugar de acceso rápido.
- Algo de dinero disponible que no dependa de la otra persona.
- Un lugar adonde ir, aunque sea por una noche, ya hablado con esa persona.
- Alguien a quien avisar, con una palabra acordada si hace falta.
- Las llaves y el teléfono siempre accesibles.
- Saber qué habitación de la casa es más segura y cuál conviene evitar.
Preparar esto no significa que vayas a irte. Significa que si tenés que hacerlo, no vas a tener que resolverlo en el peor momento.
Lo que suele frenar el pedido de ayuda
Conviene nombrarlo porque casi siempre está presente:
- La esperanza de que el tratamiento lo arregle todo. Es la más común y la que más tiempo hace perder.
- La vergüenza. Sobre todo cuando desde afuera la familia parece funcionar bien.
- La dependencia económica. Es un obstáculo real y hay recursos para eso; la línea 144 orienta.
- El miedo por los hijos. Consultar es distinto de exponerse.
- La sensación de estar exagerando. Cuando algo pasa hace años, se vuelve normal.
Ninguno de esos motivos es tonto. Todos son entendibles, y ninguno hace que la situación mejore sola.
Cómo se sostiene un tratamiento en este contexto
Cuando la seguridad está resuelta y se inicia un tratamiento por consumo, hay algunas cosas que conviene tener presentes.
La primera es que el equipo tiene que saber que hubo violencia. Cambia las pautas de contacto durante el proceso, cambia cómo se trabaja con la familia y cambia cómo se planifica el regreso.
La segunda es que el regreso a la casa no es automático. Que la persona haya completado un tratamiento no significa que la convivencia se retome sin más. Esa decisión se piensa aparte, con tiempo, y conviene que quien estuvo expuesto tenga su propio espacio de consulta para tomarla.
Consultanos
Si en tu casa conviven el consumo y la violencia y no sabés por dónde empezar, escribinos por WhatsApp. La conversación es confidencial y sin compromiso. Si hay riesgo inmediato, llamá antes al 911: este sitio no es un servicio de emergencias.
Orientación general. Este material acompaña a quienes están decidiendo cómo ayudar a un familiar. No constituye diagnóstico, indicación de tratamiento ni asesoramiento legal, y no reemplaza la evaluación de un equipo profesional. Ante una urgencia médica, llamá al 107 o al 911.
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